Secretaría de Acción Indígena del Partido Revolucionario Institucional
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DÍA DE MUERTOS MAYA

Secretaría de Acción Indígena
Viernes, 06 de noviembre de 2015

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JANAL PIXAN


El Janal Pixan o Comida para las Ánimas, es una ceremonia especial en la que interviene toda la familia. En Yucatán tiene dicho nombre en vez del día de muertos como se nombra en otros Estados del País Mexicano. Las mujeres son las encargadas de elaborar los alimentos y colocar el altar para las ofrendas, los niños y jóvenes acarrean flores, ayudan a limpiar los caminos, a blanquear las albarradas, a lavar los trastes y ropas y adornar los altares. Los hombres mayores traen leña, calabazas, maíz, frijoles tiernos de la milpa, limpian detrás de las albarradas, excavan el agujero (horno) debajo la tierra para el (pib) panes de maíz rellenos carne de pollo.


La celebración de los muertos en nuestra cultura es historia y religión. El calendario maya cuenta con un sexto mes de nombre Xuul, que significa final, y coincide con el mes de noviembre del calendario gregoriano; en este mes florece el x-pujuk o x-tempola, flor de muerto de color amarillo y olor muy fuerte, crece de manera silvestre y sirve para adornar los altares de los difuntos, el balché de flores moradas, la corteza de esta planta sirve para una bebida ritual llamada al igual que la planta balché, es el vino sagrado por excelencia en la mayoría de las ceremonias religiosas. También existe un pajarito que canta en estos días, se le conoce como un ave místico, porque muy pocas gente lo puede ver, sólo se le oye cantar. Se le conoce con el nombre de Pix, que significa rodillas del pie, pixan o alma; otros lo conocen como yáaj, que significa dolor o tristeza, porque su canto simboliza la pena y el dolor que sufren las personas al recordar en esos días a sus seres queridos muertos; al cantar emite un sonido como si pronunciara la palabra hambre en lengua maya (wi’iiij... wi’iiij...), con su canto anuncia la llegada de las santas almas que vienen a visitarnos. Este pajarito Yaaj o Pix solamente canta de 20 a 40 días, de octubre a noviembre y no se le vuelve a oír hasta el próximo año, al igual que el balché solamente florece de octubre a noviembre y hasta el próximo año de nuevo.


El 31 de octubre es dedicado a las almas de los niños, el 1º de noviembre a los mayores, mientras que el 2 de noviembre es para todos los difuntos.


Para el día de muertos, se prepara un altar en el cual se ofrece la comida no sólo a los difuntos que se están recordando, sino que se ponen el número de platos de comida necesarios según las ánimas que se van a recordar o nombrar en los rezos y un plato más, porque las almas siempre vienen acompañados de alguna otra anima como un invitado más. A ésta se le conoce como anima sola, y se cree que no tiene familiar vivo que lo recuerde, por ello es que se le ofrece comida en todas las casas, esta es una  muestra de  cómo los mayas, tanto en la cotidianidad de la vida como en la muerte resaltan su hospitalidad y generosidad.


Dos días antes se tienen que lavar todos los trastes, las jícaras y toda la ropa sucia de la casa, dejando la batea limpia y un recipiente con agua y jabón para que cuando las ánimas lleguen, se laven las manos y la cara. Si hay trastes y ropa sucia se cree los difuntos lo lavarán, para vergüenza del familiar vivo.


Los mayas creen en el (ka’a put siijil), por ello, las animas retornan anualmente a la tierra para disfrutar de una semana de vacaciones entre sus familiares y como agasajo es costumbre dedicarles rezos y comidas, de aquí que la costumbre sea conocida como el Janal Pixan o “comida para las almas”, día de muertos o finados.


Días antes del festejo, llueve como una señal de la presencia de los difuntos. Si es una llovizna ligera, se cree que son las ánimas que van llegando; en cambio, si es una lluvia fuerte, entonces es para que se limpien y para que humedezca la tierra y no haya mucho polvo a su paso. Las ánimas vienen encabezadas por la muerte, Aj Puch (señor de la muerte). Algunas familias todavía cuidan la costumbre de ponerles a los niños y niñas en la mano una cinta negra para que la muerte no se los lleve. La ofrenda o comida de la muerte se le dispone detrás del máakan o enramada, en una jícara colgada de un ch’uyub se le ponen las patitas, costillas, alas, cabeza y demás huesos de la gallina guisada, eso se le ofrenda y una vela blanca, para que le lleve tiempo comérselo y le dé tiempo suficiente a los difuntos para que disfruten la comida que se les ha ofrecido y estén un ratito más con sus familiares, ya que si se le da la comida con mucha carne a  la muerte (Aj Puch), al igual que a los difuntos, éste acabaría rápido su comida y como  es el guía principal y tiene que visitar muchas casas, al terminar primero, se iría y podría olvidar a los difuntos en la tierra para siempre.


Los primeros en hacer acto de presencia son las almas de los niños, las cuales llegan a la tierra en la madrugada del 31 de octubre, este es el día de los niños. Para recibirlas debidamente, adornan el altar con trompillos, chuchitos, p’ixtones, y otros juguetes silvestres, con flores y velas de muchos clores, algunas familias les dedican a manera de desayuno, ofrendas de atole de maíz nuevo (a’ sa’) y elotes sancochados, también puede ser chocolate con panes de harina hechos de figuras de animalitos frutas y golosinas que los niños acostumbraban comer y jugar en vida. En la tarde se ofrenda comidas como; gallina guisada (chakbil kaax), dulce de calabaza (kaabil k’uum), pedazos de caña, yuca, ñame, naranja dulce y otras golosinas. Para compartir el máatam o regalo de las ofrendas al terminar los rezos en las casas, los vecinos se convidan mutuamente, así se puede ver desfilar a las personas y niños por los diversos altares del lugar saboreando las comidas y golosinas, en un ambiente de fiesta. Por la noche, se enciende una vela sobre cada tumba y en el camino de cada altar “para que las almas de los niños-ángeles iluminen su camino”.


Al día siguiente, el 1º de noviembre en la madrugada, llegan las almas de los adultos, se les recibe de igual modo; con los mismos rezos y ofrendas en los altares. Además, sus tumbas son recién pintadas y adornadas con flores de chaksink’in, x-pujuk, x-muul y teresita. Por la tarde, el homenaje continúa en las casas, sobre el altar se coloca una cruz fiadora de la familia, velas de cera de miel y las viandas, frutas, y golosinas que más le gusto en vida al difunto, para esta ocasión, la comida principal consiste en chilmole con carne de pollo o de cerdo, como bebida, el chocolate, atole de maíz nuevo, vino de balché, ron de caña, dulces de calabaza, de papaya, ciricote, cocoyol, pedazos de caña de azúcar, ñame sancochado con miel, yuca sancochada con miel, naranjas dulces, mandarinas, toronja. Como de costumbre, los vecinos comparten de estas ofrendas. Por la noche no es necesario encender velas sobre las tumbas, ya que las almas de los grandes pueden ver fácilmente sus caminos.


Como ya se dijo, tanto en el día de los niños como en el de los adultos, se tiene el cuidado de poner un plato más de comida sobre la mesa acompañada de una jícara de agua fresca y una vela blanca, atrasito del número de platos de comida que se ofrenda en el momento. Esta ofrenda es para las ánimas solas que no tienen parientes quienes se acuerden de ellas. Aunque también a un lado del altar familiar se puede colocar una mesa pequeña cubierta con un mantel blanco, sobre la que se pone dicha ofrenda.

 

BIIX


Al llegar la octava (Biix), el final de los ocho días de asueto que se dio a las almas se les despide con los lujos iguales a los que recibieron a su llegada. El día siete de Noviembre, tiene lugar la despedida de los niños y el día siguiente la de los grandes. Entre las comidas que se ofrecen en ambos días, se incluye como platillo especial el chachak waj, o tamales, (pibes) estos pueden ser pequeños o grandes, cuadrados o redondos, es al gusto de las familias, el cocimiento se hace en el hueco u horno que se e excava en la tierra.
Si alguna persona, de casualidad muere un poco antes y durante esta fecha se le llama kuch kib (cargador de velas). Los recién muertos cargarán con todas las velas, panes, pibes y flores de los difuntos, serán los novatos del año, de los difuntos con más antigüedad. Sus parientes vivos no podrán hacerle sus ofrendas porque se cree que su alma todavía vaga en la vida terrenal, se esperarán hasta el siguiente año para que pueda gozar de las ofrendas. También no se debe encender las velas que sirven para despedir a los difuntos, ya que estos se las darán al alma del recién muerto para que lo lleve agarrando y se cree que durante un año se quemará las manos con la cera de las velas.


Dicen los ancianos, que el alma de la persona que acaba de morir es el último de la fila de los difuntos que visitan el mundo de los vivos, por ello es que los difuntos más antiguos lo hacen su cargador, y descansará hasta que otra persona muera en vísperas de los finados y lo releve de su carga (kuch); sea rico o pobre no habrá privilegios.


Entonces, el consejo de los ancianos es que, si se nos muere algún familiar cerca de los finados, no debemos celebrarlo, ni el Biix, de hacerlo nosotros mismos estaríamos poniéndole la carga al recién muerto y lo estaríamos condenando a quemarse con la cera de las velas durante un año. Lo más indicado es esperar un año para los próximos finados y celebrarlo con todos los lujos de la tradición.


Al finalizar su estancia en la tierra, las ánimas son despedidas con igual fervor y una nueva ofrenda de ricos manjares y golosinas, en el último día de noviembre. Las ofrendas de esta ocasión, incluyen los llamados pibes, tamalitos, chachakuaj, cocidos bajo la tierra, de masa coloreada y condimentada con achiote, rellenos de frijoles y espelones tiernos, de carne de gallina y puerco. Estos serán los bastimentos que se llevaran los difuntos y les aguante hasta el próximo año que regresen de visita.


Cuando muere una persona, se hace su velación durante las 24 horas, después se le entierra, a los 3 días de muerto, se le hace unos rezos cantos para recordarle a su espíritu que ya no pertenece al mundo terrenal, a los 8 días de muerto, se le hace una ceremonia de cuerpo presente, simulando con sus ropas en la mesa su cuerpo, como si acabara de morir, con ofrenda de comida, pollo o pavo en relleno negro o blanco se le hace rezos acompañado de cánticos muy tristes como el “Perdón y suba, suba”, para despedir el alma del mundo terrenal. (Relación con el octavario de los finados), a los 6 meses, se le hace unos rezos ya sea en la casa de los familiares o en el cementerio y al año de haber muerto, se le hace otros rezos conocido como (cavo de año) o aniversario de su muerte, ofrendándole comida en la casa de la familia. (Por ello, la creencia de no hacer los finados cuando hay un recién muerto, hasta el siguiente año de su muerte).



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