Secretaría de Acción Indígena del Partido Revolucionario Institucional
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DÍA INTERNACIONAL DE LA LENGUA MATERNA.
DÍA INTERNACIONAL DE LA LENGUA MATERNA.

México, D.F.
Viernes, 21 de febrero de 2014

Discurso


Intervención de la Mtra. Narcedalia Ramírez Pineda, Secretaria de Acción Indígena del CEN del PRI en el Día Internacional de la Lengua Materna. CEN del PRI. 21 de febrero del 2014.


Compañeras y compañeros:

Con aprecio y reconocimiento, saludo en el marco de la celebración de este día, a nuestro Presidente César Camacho Quiroz y a la solidaridad de compañeros del Comité Ejecutivo Nacional que nos acompañan, así como nuestros invitados especiales.

El 21 de febrero de cada año fue instituido por la UNESCO como una fecha dedicada a recordar al mundo la existencia de las lenguas maternas, su importancia en la vida y el desarrollo individual y social de los seres humanos; pero, sobre todo, para crear conciencia sobre la necesidad de proteger y conservar aquellas lenguas que sufren marginación y padecen la supremacía excluyente de otras lenguas.

Este es el caso de nuestro México, donde una lengua dominante se impone, desplaza y avasalla a las lenguas aborígenes.  Por eso prefiero llamar a ésta celebración, como el Día de las Lenguas Indígenas Mexicanas.

Porque aquí tenemos 62 idiomas originarios de nuestro país que, como una muestra de vitalidad cultural y de heroica resistencia, han sobrevivido a la depredación y el maltrato de casi quinientos años de colonialismo, discriminación y exclusión, por parte de quienes sólo hablan la lengua de los conquistadores o alguna próspera nueva lengua extranjera.

Por eso éste es para nosotros un día de lucha y reafirmación de las justas demandas de pueblos que, a pesar de que son nuestras raíces y el basamento mismo de nuestra identidad nacional, viven marginados, oprimidos y sujetos a políticas equivocadas e ineficaces.

El origen de esta conmemoración mundial trae a nuestra memoria conceptos fundamentales que muchas veces olvidamos.

Nos recuerda, por ejemplo, que el llamado “problema indígena” no es una anomalía social y política privativa de nuestro país o sólo de América Latina.  Es un problema que recorre toda la faz de la tierra, allí donde la expansión colonial plantó sus huellas, y sometió a vasallaje, expoliación y subordinación, a naciones libres y soberanas.

La fecha que hoy conmemoramos tuvo su origen en la lejana Bangladesh.  El 21 de febrero de 1952, cuando esa nación estaba incorporada a Pakistán, según lo había establecido el imperio colonial inglés, los jóvenes estudiantes Abul Barkat, de la Universidad de Dhaka, y Rafiquddin Ahmed, del Colegio Manikgonj Debandra, murieron baleados cuando la policía abrió fuego contra una manifestación que demandaba el reconocimiento del bangla, como una de las lenguas oficiales de Pakistán.

Hoy recordamos en todo el planeta a esos mártires de las lenguas maternas, como símbolos eternos de los millones de indígenas que padecen opresión, y han dado sus vidas por defender los derechos fundamentales de sus pueblos.

Por eso celebramos que en nuestro Comité Ejecutivo Nacional hayamos organizado este evento conmemorativo.  Es una prueba, no sólo de la sensibilidad política, en esta etapa de transformación, sino de su compromiso ideológico con nuestros pueblos originarios que ya no esperan sumisos la comprensión de la sociedad, sino luchan por la justicia diferida y por su participación plena en el desarrollo de México.

¿En qué condiciones sobreviven hoy las lenguas ancestrales?

Lo mismo que los pueblos indígenas que las hablan y las cultivan como su principal símbolo de identidad, las lenguas indígenas mexicanas padecen un gradual deterioro.

En 1990, casi el 40% de los oaxaqueños, más del 44% de los yucatecos, y más del 32% de los quintanarroenses hablaban una lengua indígena.  Veinte años después, en el 2010, los porcentajes descendieron a 34%, 30% y 16%, respectivamente.

El censo del 2010 encontró que nueve de las 62 lenguas indígenas mexicanas son habladas por menos de diez personas; y otras diez son habladas apenas por un promedio de cien habitantes, lo que quiere decir que 19 idiomas mexicanos están camino a una inexorable extinción.

Y sabemos que, cuando una lengua muere, desaparecen con ella el escenario de la humanidad, con toda su originalidad, su singularidad y su condición de irrepetibles, una cosmovisión y un sistema mágico religioso; muere una tradición muchas veces milenaria; desaparece una sistema de valores y principios; se pierde una masa invaluable de conocimientos, creencias, experiencias y habilidades, creados y adquiridos por cientos de miles de generaciones; perece irremediablemente una manera de vivir y de relacionarse con los demás pueblos y con la naturaleza.

La extinción de un idioma es por eso una catástrofe enorme e irreparable.

Las lenguas mexicanas que se encuentran al borde mismo de la extinción son el papabuco y el ayapaneco, idiomas que hoy cuentan con menos de 10 hablantes.

Además, otras 16 lenguas nativas no sobrepasan los mil hablantes, entre ellas, el paipai, el kumiai y el cucapá, en Baja California, el cakchiquel, el quiché y el jacalteco, en Campeche, Chiapas y Quintana Roo; el ixcateco, el Oaxaca; el seri y el pápago, en Sonora; y el kikapú, en Coahuila.

Y el Estado, los gobiernos, ¿Qué han hecho por los pueblos indígenas y sus lenguas maternas?; se ha hecho y han gastado mucho, sobre todo a partir de los gobiernos emanados de la Revolución de 1910.  Allí están las poderosas instituciones indigenistas, la CDI, el INALI, una Constitución que reconoce derechos ancestrales de los indígenas y numerosas leyes que tocan diversos aspectos de su vida pretendiendo mejorarlos y humanizarlos.

Pero, si observamos la realidad, vemos que poco de eso ha cambiado la condición de pobreza y exclusión de los pueblos indios y de sus idiomas; que mucha de esa acción del Estado ha sido estéril cuando no de simple simulación.

Y ha sido estéril e ineficaz, porque la ideología indigenista se sustentaba en tres errores fundamentales: Primero, porque, cuando no fueron aislacionistas, fueron políticas integracionistas que pretendieron desindianizar a los indios bajo el criterio equivocado de un México monocultural, mestizo y totalmente occidentalizado, donde no hay lugar para la diversidad étnica y cultural.  Segundo, porque fueron políticas y programas diseñados e impuestos siempre desde arriba, desde el Estado, es decir, desde la sociedad dominante; y, tercero, porque se ignoró a los indígenas como pueblos capaces de decidir por sí mismos sobre su desarrollo, y de participar por tanto, con verdadero poder de decisión, en toda iniciativa que pretenda afectar su vida y sus intereses,

En esa dura realidad tenemos los priístas el mayor desafío en nuestro afán de transformar al PRI.

Tenemos que poner la cuestión indígena como una alta prioridad de nuestro partido, y como un compromiso de reivindicación y justicia de las políticas públicas.

Estamos hoy aquí, para conmemorar el día de las lenguas indígenas, pero con ello fortalecer la lucha de los pueblos indígenas por reivindicar sus propias culturas, sus propios estilos de vida, su patrimonio ancestral, pero, sobre todo, para exigir justicia social y afirmar su derecho a desarrollar todas sus potencialidades humanas, en el marco de sociedades plurales y multiculturales, que eso es el mandato constitucional y la aspiración de nuestro proyecto de nación.

Crear y poner en marcha una nueva política pública que dé solución definitiva al viejo y siempre diferido “problema indígena”; un problema que no es ni mucho menos, sólo de los indígenas, sino, principalmente, un problema del México nuevo que queremos transformar.

Estamos aquí, en el seno de nuestro Partido, no nada más para rendir nuestro sincero homenaje a los luchadores por la pluralidad lingüística y cultural de nuestro país y del mundo, sino también para reiterar un tiempo nuevo en las relaciones del PRI con nuestros pueblos indígenas.

Para alzar de nueva cuenta sus banderas de lucha.

Para hacer nuestras su causa y sus justas demandas históricas.

Para impulsar, junto con ellos, el desarrollo integral, sostenido y sustentable de sus pueblos y de todo México.

Para transformar, junto con un nuevo PRI, una patria mexicana verdaderamente plural, multilingüe, pluricultural y éticamente justa y democrática.



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